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Martín Fiz: pionero,mito y ser humano

Martín Fiz: pionero, mito y ser humano

Por Alex Calabuig

La mañana del 11 de mayo de 1975 podría ser considerada como la bendita cómplice del nacimiento de Martín Fiz como corredor. Aquel día, el pequeño Martín, de 12 años, se escapa de su casa para participar en la primera competición de su vida, el Cross Errekaleor.
Cargado de ilusión, el hijo de Pilar y Martín disputa la prueba alevín, sobre 1.250 metros y consigue un meritorio séptimo puesto. Cuando regresó a casa y enseñó la medalla conseguida a sus padres, estos le castigaron por haberse escapado. En cambio, según palabras del propio Martín: “Yo sé que aquella medalla tuvo la culpa de que yo me convirtiera en corredor. Para siempre”.

En el colegio Miguel de Unamuno, la afición favorita del vitoriano era jugar al fútbol, emulando a los ídolos de su club favorito, el Barcelona, en especial a Johan Cruyff, pero ya fuera de las aulas disfrutaba desafiando a sus amigos a ver quién era capaz de dar más vueltas a la manzana de su casa. Y fue a los 14 años cuando decidió centrarse en el atletismo, porque eso le permitiría no sólo disfrutar de su afición predilecta, sino viajar por toda España.

Los resultados no tardaron en llegar, y muy pronto consiguió su primera victoria, en el Cross del Monte de la Tortilla. Con 15 años se proclama campeón de España cadete de campo a través, terreno sobre el que nunca dejaría de ofrecer auténticas lecciones de atletismo en las siguientes décadas, aunque siempre dejando claro que podía rendir al máximo sobre cualquier superficie, como demostraría en aquel 5.000 del campeonato nacional de pista en categoría júnior celebrado en Barcelona (1982), en el que se colgó el oro atemorizando a sus rivales desde la salida, o en los Campeonatos Iberoamericanos de 1988, en los que obtuvo el primer puesto en los 3.000 metros obstáculos.

El oro en el Campeonato de España de cross absoluto en 1990, derrotando a los sensacionales Antonio Prieto y Alejandro Gómez, y los sabios consejos de su entrenador y amigo Sabino Padilla le llevan a abandonar su trabajo de oficinista en Henkel Ibérica para centrarse al cien por cien en el atletismo. Era una época de crisis económica en la que cambiar un trabajo fijo por la aventura de correr resultaba una com plicada decisión, pero el tiempo demostraría que acertó de pleno.

Martín se casa en octubre de 1991 con Ana Churruca, el amor de su vida, y nueve meses después nacería su hijo Alex (actualmente un enamorado de desgastar zapatillas, como su padre). Estando Ana embarazada, Martín se vuelve a proclamar campeón de España de cross, en Cáceres, y unos meses después, durante los Juegos Olímpicos de Barcelona’92 (donde fue eliminado en series y vio cómo su amigo Diego García concluía noveno en la prueba de 42,195 km) llegaría la gran decisión de Martín: saltar al maratón.

La necesidad de cambio era lógica. Sus excelentes condiciones físicas no incluían la punta de velocidad necesaria para afrontar pruebas de fondo corto como el 5.000, y su marca de 13:20.01, aun siendo magnífica, no resultaba suficiente, como quedó patente en el Europeo de Split’90, en el Mundial de Tokio’91 y en los propios Juegos de la ciudad condal.

La historia desde aquel momento es de sobra conocida por los buenos aficionados al atletismo. Martín llama a su manager, Miguel Ángel Mostaza, y le solicita correr en un maratón sin ninguna presión. Helsinki resulta la prueba elegida, a pesar de que los organizadores no le paguen el viaje ni el alojamiento y sea el propio vitoriano el que se haga cargo de todo. El 8 de agosto de 1993, con sólo un mes de preparación específica para maratón en las piernas, Martín se impone en la prueba con 2:12:47, registro que aún permanece como récord de la prueba finlandesa. Acababa de nacer un maratoniano de leyenda que con su valentía abría el camino para que muchos otros fondistas españoles probaran “suerte” en la distancia de Filípides.

Desde entonces, la lista de éxitos de Martín Fiz como maratoniano en campeonatos oficiales es impresionante y dibuja una trayectoria de ensueño que ningún atleta español en la historia ha sido capaz de igualar: Campeón de Europa en Helsinki’94, oro en el Mundial de Goteborg’95, cuarto en los Juegos de Atlanta’96, plata en el Mundial de Atenas’97, octavo en el Mundial de Sevilla’99 y sexto en los Juegos Olímpicos de Sydney’00. 

La enumeración de logros en maratones comerciales no le va a la zaga: tres veces ganador y una vez segundo en el maratón de Otsu (Japón) y vencedor en los maratones de Kyong-Ju (Corea del Sur) y Rotterdam. Si a esto añadimos el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en 1997, cuatro récords de España de maratón (2:10:31, 2:08:57, 2:08:25 y 2:08:05) y uno de medio maratón (1:01:08), no cabe duda que estamos hablando del mejor fondista español de todos los tiempos.

Pero la vida de Martín Fiz es mucho más que la historia de sus millones de zancadas y sus apasionantes duelos con el soriano Abel Antón. Es la de un hombre honrado y trabajador que supo asimilar adecuadamente las enseñanzas de sus padres y los valores que estos le inculcaron: el sacrificio, la humildad y el hecho de ser buena persona. Desde su retirada de la elite en 2001, ha continuado corriendo a un gran nivel en distancias que van desde los cinco kilómetros al maratón (en 2009 firmó el récord de España de 5.000 en pista en categoría M-45, con un crono de 14:44:55), pero lo más importante es que siempre ha tratado de difundir el deporte, el fair play, y una vida sana en todos los foros que han estado a su disposición: carreras populares, proyectos solidarios con el tercer mundo, conferencias, charlas-coloquio, visitas a colegios, a centros penitenciarios, a enfermos de diversa índole, etc. Allá donde hay alguien necesitado de ayuda, la mano de Martín Fiz está presente, dentro de las posibilidades que su apretada agenda le permiten.

Su labor divulgativa le llevó a embarcarse en 2002 en el proyecto de la revista Runner´s World, de la que es Director y en la que mes tras mes ofrece sus mejores consejos y experiencias. En 2003 publicó junto con el periodista Ignacio Romo el libro “Correr con Martín Fiz”, prologado por su amigo Miguel Indurain. Y en los últimos años se ha embarcado en todo tipo de aventuras: desde las carreras de montaña más complicadas a la subida al Aconcagua o la temible prueba ciclista Quebrantahuesos. Siempre con una sonrisa en el rostro y apurando y disfrutando las experiencias al límite pero con ese peculiar sentido del humor con el que consigue relativizar hasta las situaciones más complicadas.

Maestro del maratón, Señor con mayúsculas en la vida, corredor eterno, amigo hasta el final. Sencillamente, Martín Fiz.

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